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Tomy

Por Laura Aguilar Ramírez


El llegar a Ensenada fué entrar a un mundo muy distinto del que siempre había vivido.

Tomar la decisión de cambiar de ciudad es difícil. Sólo ante  una gran necesidad nos decidimos a hacerlo y sólo después de agotar todas las posibilidades que teníamos a nuestro alcance.

Tomar la decisión de ir a un lugar desconocido, con gente desconocida es aún más difícil. No importa que fuera familia; era familia que no conocíamos, con la que no habíamos tenido, personas a las que sólo había visto en dos o tres ocasiones.

Así de necesitados estábamos. Sólo de la mano de mi hermana y de mi madre, pude tomar tal decisión. Nunca pensé las consecuencias reales de ése acto. La idea original era pasar al otro lado, trabajar muy duro por unos años y regresar lo más cerca posible de mi ciudad.

Nada sucedió como lo había pensado. Para empezar, el pasar al otro lado es muy difícil y con niños más. Yo no quise dejar a mis hijos ni con mi mamá, ni con mi suegra como me propusieron. Había visto ya lo que sufren los hijos de aquellos que se van a Estados unidos, pensando en regresar o enviar por ellos después.

Para mí, éso era impensable. No deseaba que mis hijos sufrieran sin sus padres como yo lo había hecho, como lo sufrieron personas queridas.

Tampoco quería que mis hijos sufrieran las vejaciones a las que están expuestos aquellos que se pasan por el río o por otras maneras. Había sabido de niños encarcelados, de niños violados y muertos en el desierto, niños pasados por drenajes y canales.

Intentamos sacar la famosa visa para mí y para mis hijos, cosa que es muy difícil hacer y en la que gastamos más de la mitad del dinero con que contábamos, dinero que perdimos porque en la Embajada estadounidense no regresan lo que cobran por los trámites para obtener una visa, trámites que son muy caros.

Finalmente, tuvimos que partir hacia Ensenada, tan sólo con el dinero para el camión y un poco para aguantar 15 días.

Con dos mochilas en las que cargamos ropa y algunos trastes, partimos un día lluvioso de la Cdad. mis dos hijos y yo, junto con mi hermana, dos hijas suyas y mi mamá.

Dos días pasamos en el camión, habíamos preparado tortas y tacos para el camino. Dos días que no fueron tan difíciles porque a mi lado estaban mi hermana y mi mamá.

La llegada no fué fácil. A pesar de que mi tía me había invitado a venir, no pensaba tal vez que llegaría a su casa. Así que me brindó un pequeñísimo cuarto del que sacamos los trebejos que tenía ahí. Ese cuartito fué nuestro hogar por 1 mes y medio para mis dos hijos y para mí.

Mi hermana y mi mamá permanecieron dos días con nosotros mientras nos instalábamos y mientras alguien venía por ellas para ir al otro lado. Ellas sí contaban con pasaporte.

Finalmente, un sábado se fué mi hermana y desde entonces no he vuelto a verla en persona. Habíamos pensado en que ella trabajaría para ayudarme a pasar, cosa que no fué posible por supuesto.

Pronto me dí cuenta que éste sería el lugar en donde tendría que vivir en adelante. No fué sencillo. Estaba sóla, con mis dos hijos pequeños.
Hubo que buscar escuela para ellos, buscar trabajo para mí, empezar a conocer personas y tratar de que mis hijos sintieran lo menos posible el cambio.

Conté con la ayuda de una persona muy querida, quien me ayudó con mis hijos, que me ayudó a meterlos a la escuela, que me acompañó en ésos momentos tan difíciles, que me brindó su ayuda cuando finalmente encontré trabajo. Ella cuidaba de que mis hijos desayunaran y comieran algo antes de ir a la escuela; cuidaba de que se bañaran y asearan.

También se ocupó de que mis hijos no se sintieran tristes, les brindó la compañía de sus hijos y sobrinos.
Fué como mi ángel en ésta ciudad. Su nombre es Tomasa, Tomy para los cuates.

La conocí dos años antes, cuando vine a éste lugar. Mi mamá sufrió un infarto aquí y vine a verla. Durante una semana estuve con ella, cuidándola. O mejor dicho, acompañándola porque era ella la que me consolaba como siempre. Tan sólo con verla, mi corazón descansaba.

En ése entonces, conocer a Tomy fué tan sencillo, fué como si me conociera de toda la vida. Es una persona muy sencilla, muy amable, pero también es muy valiente.

Me fuí tranquila de que mi mamá se quedara bajo su cuidado. Me prometí pagar de alguna manera el bien que hacía a mi mamá, cosa que no es fácil en un lugar como éste, en donde hay mucho egoísmo y donde a la gente parece no importarle lo que suceda a los demás, como descubrí después al vivir ya aquí.

Nunca pensé que regresaría a quedarme a vivir en éste lugar. He llegado a pensar que Dios me trajo a éste sitio, al ver las tribulaciones por las que pasaba.

No ha sido fácil y mucho menos lo fué al principio, pues como digo, es otro mundo, muy distinto a como habíamos vivido hasta entonces.

Hemos tenido que aprender muchas cosas, hemos conocido a mucha gente con costumbres muy distintas.
Sobre todo, hemos tenido que aprender a vivir sin los familiares con los que vivimos y sin los cuáles pensé que no podríamos vivir

No ha sido fácil, ha habido mucha melancolía, ha habido momentos en que hemos sentido soledad, pero sobre todo, han sido años en los cuales he valorado lo que realmente es valioso: mi familia.

Han sido años en los cuales he pasado por la lupa a todos aquellos con los cuales había vivido, a los cuales había ayudado, por los cuales dí mucho.

Aquí descubrí que no son nada, que cuando los necesité no estuvieron; que cuando clamé a ellos buscando su consuelo, no respondieron.

Es horrible descubrir que no importa cuánto hayas dado, no importa cuánto hayas compartido con alguien, cuando lo necesitas no está.

Descubrir que todo lo vivido por 16 años sólo había sido un mal sueño.

Y descubrí que personas a las que no había dado nada, las que ni siquiera me conocían, me acogieron como suya, me brindaron su apoyo y protección.

Cuando estuve en depresión, ella estuvo a mi lado. Cuando supe de la muerte de mi mamá, la primera cara que ví fué la suya. Ella me ayudó a levantarme, a afrontar ése momento tan difícil, el peor que he vivido. Con mi mamá se fué mi sostén. Mi papá había fallecido 12 años antes.

Doy gracias a Dios por conducirme aquí, por acercarme a personas como Tomy y su familia, quienes si bien no tienen dinero, son personas muy valiosas por su gran corazón, corazón acrisolado en el sufrimiento. Sin ellos, no hubiera podido sobrevivir simplemente.

Ellos han sufrido mucho y tal vez por ello, pudieron entendernos y auxiliarnos.

Dios los bendiga siempre.

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