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En busca de ballenas

Por: Laura Aguilar
Para: Puntadas católicas



Empezó la temporada en que la ballena gris emigra de los mares del norte hacia aguas más templadas.

El paso de éstos grandes animales marinos atrae a muchas personas. Vivo en uno de los puertos por los cuales pasan cada año.

Asi que junto con mis dos hijos y mis dos nueras, mi marido y yo decidimos por fin hacer el recorrido llamado "Avistamiento de ballenas". Tenemos 20 años en éste puerto y no habíamos podido hacerlo, por increíble que parezca.

Es un recorrido que vale la pena definitivamente. El cielo lucía esplendoroso.
A cada paso iba sorprendiéndome cuánto desconozco del lugar donde vivo.

En los paseos a la playa que hacemos cotidianamente, no puedo imaginar la vida que existe más allá. Desde la playa se observa la isla de Todos Santos, se ven gaviotas y pelicanos volar hacia el mar. Pero me sorprendió verlos posarse sobre las aguas en grandes bandadas.  Siempre pensé que sólo atravezaban de la isla a la playa, pero no....

El ver el puerto de Ensenada desde el mar es también una experiencia por sí sóla. Desde la playa se observan las montañas que rodean la ciudad, pero desde el mar, pueden observarse 3 líneas de montañas que forman parte de la Cordillera transpeninsular. También pude ver paisajes que desde la carretera no se ven y son hermosos.

En las visitas a la Bufadora, que es un lugar único en el mundo por las aguas que se elevan tipo geizer, debido a la formación de rocas, me encanta ver el mar distinto al de la bahía, pero nunca había visto unas formaciones rocosas al final de ésa punta montañosa.

La isla de Todos Santos es hermosa también, formada por rocas en forma de acantilados en donde las olas rompen. Observé algunas olas altas. En la isla existen dos faros y unas pequeñas casas en donde vive la familia del cuidador del faro.
Realmente me gustaría vivir ahí.

Pues bien... llegando a ése punto, empezó la búsqueda de la ballenas. Había varias embarcaciones con turistas deseosos de admirarlas, todos seguramente con el deseo interior de poder tocarlas  y el temor de no poder ni verlas.

Loa ojos miraban hacia el mar, hacia el horizonte tratando de ver algo que nos indicara su presencia. Y finalmente, alguien gritó: "ahí está una". La embarcación se enfiló hacia ése rumbo y alcancé a mirar una cola que se hundía en el mar.

Ibamos de un lado al otro del barquito para buscar mirarla una vez más.

El piloto con el radio se mantenía en comunicación con las otras embarcaciones y rápidamente tomaba rumbo hacia donde se veía alguna.

Finalmente encontramos dos. El gozo fué doble entonces: "Son dos... son dos!!!"
Eran pequeñas, seguramente jóvenes.

El chorro característico y que tanto hemos admirado en películas o hemos visto descrito en novelas, aparecía ante nuestros ojos en forma doble, posteriormente la cola salía y volvía a hundirse.

El capitán maniobraba para darnos un mejor ángulo, pero se mueven muy rápido. Así que íbamos de un sitio a otro siguiendo su rastro.

Finalmente, pude verlas completas por un momento con gran regocijo. Aparecieron juntas, por un momento se detuvieron, manteniéndose quietas sobre el mar. Fué muy emocionante.

A lo lejos, alcancé a ver también un grupo de delfines a los cuales hubo que dejar para poder seguir a las ballenas.

Los niños que iban en la embarcación estaban emocionados también. Yo deseaba tocarlas, pero la embarcación se mantuvo siempre alejada para no perturbarlas. Aunque por un momento, me pareció que las ballenas se detenían para permitir que nos acercáramos. Estaba sólo nuestro barco.

Debió haber más ballenas en el lugar, porque los otros barcos iban y venían un poco más retirados.

Finalmente, llegó el momento de regresar. Me despedí interiormente de aquellos lindos animales que hacen un viaje tan impresionante, tan largo y cansado para poder reproducirse.

Me prometí volver el próximo año a ver a mi "tocaya" y a su "compayo" como las bauticé.

Es realmente un recorrido muy bello en muchos aspectos. El paisaje de Ensenada desde el mar es increíble, la isla muy bella.

Finalizando, nos encaminamos a comer al Mercado Negro, como se llama el lugar en donde se vende el pescado y marisco fresco que se pezca en éstas aguas. Deliciosa la comida: pescado frito acompañado de arroz y ensalada, aguachile de camarón, camarones rancheros, caldo mestizo (delicioso), tacos gobernador (de marlín ahumado hmmmm) y tacos de pescado fueron el menú que pedimos.

Un día bello, disfrutado en familia como hace muchos años no hacíamos.
Todo estuvo super: el cielo, el mar, el clima.
Momentos maravillosos pasados al lado de nuestros hijos, los cuales agradezco a Dios. Y le pido que sean muchos más en lo que resta de nuestras vidas.
Comparto fotos que tomamos.




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Aquí una pequeña reseña de lo que es el viaje de la ballena gris de Alaska a Baja california Sur.

La migración de las ballenas grises comienza en Alaska y termina en las costas de México, nadan día y noche sin parar y sin comer durante 2 meses hasta recorrer 8,000 km. Viajan por aguas oscuras y turbias, utilizando para ello un sistema primitivo de ecolocalización como los submarinos; muchas ballenas emiten y reciben sonidos de eco que les permite esbozar imágenes acústicas del terreno submarino para —finalmente— llegar a las costas de México. La distancia que recorre en total (ida y vuelta) es de 16 ,000 km.

9 de las 11 grandes ballenas del mundo llegan a los mares de México, entre ellas la gris y la jorobada. Las costas de México son el escenario de una de las migraciones más espectaculares del reino animal.
La mayoría de los cetáceos tienen un orificio sobe la cabeza; sin embargo, la ballena gris tiene dos, los cuales le permiten inhalar y exhalar su vaporoso respiro de dos metros de altura, que puede escucharse y verse a distancia: este suele ser el primer indicio de su aparición en el horizonte. Por mucho tiempo, las ballenas grises, debido a la ignorancia y a su gran tamaño, atemorizaban a los pescadores que navegaban en esas aguas, al grado de que les llamaban “Pez Diablo”, entre otros nombres.

Cuando llegaban a toparse con ellas golpeaban en sus pequeñas embarcaciones para alejarlas. Hace pocos años, y debido a la participación de biólogos y naturalistas, algunas de estas comunidades han comenzado a darse cuenta de la importancia de proteger a estos seres, además de que el turismo ecológico de observación puede ser una buena alternativa para su economía.

El color natural de la ballena gris es el negro, sin embargo, sus manchas grises se deben, en parte, a los pigmentos de su piel así como a los pequeños crustáceos (balanos) que se le adhieren en aguas templadas y que mueren (y se desprenden) en las aguas frías del Ártico, dejando cicatrices que dan a la ballena su apariencia distintiva. Esta ballena pertenece al orden de los cetáceos y suborden de misticetos (sin dientes), por lo que se alimenta utilizando unas placas flexibles o barbas, las cuales atrapan la comida y dejan pasar el agua.

Estas placas o barbas son de queratina, la misma proteína estructural de las uñas y el cabello humano. Su tamaño es gigantesco, un adulto macho llega a medir 13 metros de largo y pesar 42 toneladas, en tanto que una hembra puede alcanzar los 17 metros y un peso de 45 toneladas. Llegan a vivir de 30 a 40 años, aunque en algunos casos han llegado a los 60.

Las ballenas son animales increíbles y maravillosos pero, como todo ser vivo, también cumplen un ciclo de vida y mueren. En las aguas del mar, durante su travesía y pese a su enorme tamaño, están expuestas a varios peligros que van desde algún choque con alguna embarcación, enfrentamientos con otros cetáceos, como las orcas, y el motivo que casi las lleva al borde de la extinción: la cacería. La ballena tiene una larga historia como animal de caza.

 Los esquimales de Alaska y Siberia, en sus pequeñas canoas y con el uso de arpones primitivos, han cazado ballenas grises por miles de años. Cazar de esta manera no tenía nada que ver con la disminución de la población ballenera. Pero con la creación de embarcaciones más sofisticadas y el uso de nuevas y más eficaces técnicas para la cacería, las naciones balleneras, como Japón, han logrado mermar de una manera impresionante la población de esta especie.

Afortunadamente, gracias al esfuerzo de muchas organizaciones y de los mexicanos, las aguas de México protegen a todas las ballenas, convirtiéndose así en el santuario ballenero más grande del planeta.

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