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No te olvides...

Por Laura Aguilar Ramírez
"No te olvides..." Fueran casi las útimas que escuché de mi mamá, un año antes de su fallecimiento.
"No te enojes..." fueron otras que escuché también.
"No permitas..."fueron también palabras que me dijo en la última ocasión que la ví con vida.

Después recibí de ella algunas cartas, escritas en la cama de un hospital. La última dictada a una nieta porque ella ya no podía escribir.

Ella fué mi madre adoptiva además de mi abuelita. Me recibió de nueve meses de nacida y me quiso y la quise como madre.

Por circunstancias de la vida, varios de sus hijos estuvimos lejos en sus últimos años. Ella viajaba constantemente a vernos, porque no había lugar en el mundo ni agujero donde nos escondiéramos en el que ella no nos encontrara.

Sus hijos se le perdieron de pequeños, porque no les gustó el internado donde estuvieron. Se habían acostumbrado a vivir al garete, a quedarse sólos cuando ella se iba al trabajo.Se habían acostumbrado a no tener quien les dijera lo que hacer.
Encontró un buen internado en donde pudieran estar mejor cuidados, pero ellos se escaparon.

Mi mamá los buscó por todos lados. Fué una etapa muy difícil. Ellos se escondían para que no los volviera a internar. Finalmente, fueron regresando uno a uno. El menor fué encontrado primero, el otro volvió cuando necesitó la ayuda de mi mamá y el último regresó ya grande después de andar rodando por varios sitios.

Yo creo que sus hijos siguieron "perdidos" en la vida durante mucho tiempo. No les gustaba que su madre les diera consejos, recurrían a ella sólo cuando la  necesitaban, etc. Ella fué madre viuda primero, después tuvo varias parejas que aceptaba para que le ayudaran con sus hijos y que después la dejaban cargando más hijos, Finalmente, encontró un hombre que la ayudó. El no tenía hijos, pero estaba enfermo.

Fué difícil su vida, pero ella nunca perdió la fé en Dios, nunca perdió su alegría y la esperanza. Yo siempre me pregunté de dónde podía sacar tanta fortaleza para soportar las pruebas tan duras por las que pasó. Ahora lo sé; de Dios.

A mi mamá le amputaron una pierna y ni éso pudo acabar con su fé.
Siempre desee cuidar de ella, traté de traerla a mi lado para poder hacerlo, pero no me fué posible. No tenía un sitio dónde tenerla.
Sus cartas eran como dardos en mi corazón, me llenaban de angustia, de impotencia.

Su hija estaba en Estados Unidos, sus dos hijas adoptivas: mi hermana y yo, con las cuales contaba, no pudimos estar con ella y en su lecho de enferma no contó con los hijos que estaban cerca.

"No te enojes...." me dijo. Era tan noble que ni siquiera al verse ignorada por sus hijos, olvidada por sus nietos, se resignó a ser tratada como inválida, como muñeca. Y sin embargo, aún así me dijo que no me enojara con sus hijos.

"No permitas...." me dijo. Sabía que algunos de ellos intentarían quitarle a su hija viuda y con cuatro hijos el terrenito que habían adquirido juntas con mucho esfuerzo. No deseaba que sus hijos no se quedaran en la calle por escuchar malos consejos.

"No te olvides...." me dijo. De aquellos a los que quiso mucho, que la ayudaron y la sostuvieron en nuestra ausencia.

Mi mamá sembró mucho amor a su alrededor. Llegó a la colonia donde pasó sus últimos años después de jubilada. Se dedicó a cuidar de varias familias necesitadas, de aconsejarlas, de curarlas (pues no había doctor entonces), de ayudarles con sus hijos cuando lo necesitaban.
Sembraba amor por todos lados.

Varias de sus vecinitas la llamaban "abuelita". Varias veces la ví llegar a mi casa llena de tierra, con la piel quemada de sol, pero contenta.
Varias veces quise que se quedara en mi casa, pues el verla así no me gustaba. Pero ella nunca hubiera dejado a sus "adoptados". Los quería y los cuidaba.

Sabía que sus hijos estábamos bien, gracias a Dios. Y ella veía a su alrededor tanta necesidad; tanta mujer sóla con sus hijos porque sus esposos habían tomado camino hacia el norte o las habían abandonado; veía tanto niño ignorante y mal cuidado o mal alimentado que no los hubiera dejado.

Ese "no te olvides...." es el que me hace ir al lugar que ella quiso tanto.

Ese "no te enojes...." es el que me hace perdonar a sus hijos por ingratos; a sus nueras ; por impedir que tuviera la dicha de ver a sus hijos y nietos a su lado en sus últimos momentos. O por lo menos, yo los veo así

Ese "no permitas.... " es el que me hace estar al pendiente de que sus hijos no se queden en la calle, a pesar de su ingratitud.... porque no hay madre que vea a sus hijos malos.
Ella tampoco los veía, encontraba disculpa a las muchas faltas que cometían. Son tontos decía algunas veces para disculparlos. Se ponen a escuchar a quien no deben...y les vayan a volar el terrenito.

Tal vez por ser adoptada, mi amor hacia ella era doble, lleno de agradecimiento, lleno de lealtad.
Tal vez por haber llegado a su vida en su madurez, haya sido lo que le permitió educarme mejor que a sus hijos: "echando a perder, se aprende".

Tal vez por haber tenido más tiempo, pudo cuidarme mejor que a sus propios hijos. Pareciera que al tener que hacerse cargo de nosotras, otros caminos se le abrieran. Para mantenernos aceptó trabajar cuidando niños, y así cuidarnos al mismo tiempo.
Encontró después trabajo cerca de la casa y un internado cercano donde cuidaran de mi hermana y de mí.

En fin, con nosotras su vida fué distinta, todo se le solucionaba, como si un ángel nos cuidara desde el cielo (por lo menos, éso siempre me ha parecido a mí, pues la vida de mi abuelita fué un "antes" y un "después" de nosotras)

Y es que después de tantos golpes, mi mamá empezó a buscar la razón de sus penalidades y encontró la respuesta cuando terminó por escuchar la voz de Dios que hacía mucho tiempo la llamaba.

No olvidaré, mamá. No me enojaré... y no permitiré. Tan sólo pido que no me olvides donde estés, porque me haces mucha falta.

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