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Los camellos pasan por el ojo de una aguja

Por: Laura Aguilar Ramírez

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al cielo” (Mc 10, 17-27).
El ojo de una aguja era un portón que tenían en la parte lateral para entrar a Jerusalén y otras ciudades amuralladas. La puerta principal se cerraba después de cierta hora y los mercaderes tenían que entrar por el “ojo de una aguja”, el cual se le hacia muy difícil entrar a un camello. Había que quitarle su carga, arrodillarlo y hacerlo entrar por ese portón.
Para graficar la imposibilidad de que un rico entre en el Reino de los cielos, Jesús utiliza la figura de un camello que no puede ingresar por “el ojo de la aguja”, la cual es la puerta utilizada para la entrada de las ovejas en Jerusalén.
Así como un camello, alto, y cargado de ricas mercaderías, no puede pasar por la puerta de las ovejas –el ojo de la aguja-, la cual es baja, estrecha y angosta, así tampoco un rico puede entrar en el Reino de los cielos. Pero lo que los hombres no pueden hacer, Dios sí lo puede.

¿De qué manera?
El “rico” es, ante todo, el rico de bienes materiales, es decir, el que posee abundantes riquezas y posesiones materiales, y este no puede entrar en el Reino de los cielos, porque para entrar en el Cielo, la condición sine qua non es que se dejen aquí, en la tierra, absolutamente todos los bienes. Nada de lo que se posee aquí se llevará al otro mundo, absolutamente nada.

El camello cargado con ricas mercancías no puede pasar por el ojo de una aguja porque su excesiva altura y su abultado cargamento exceden las medidas de la pequeña puerta; de la misma manera, el rico material no puede entrar en el Reino, porque las riquezas materiales exceden su entrada, que es angosta.

Pero el “rico” que no puede entrar no es solo o exclusivamente el rico en bienes materiales: es aquel que es “rico” en posesiones espirituales propias, como la auto-suficiencia, la soberbia, el orgullo, la vanidad, el egoísmo, la pereza; es decir, aquel que solo hace en su vida la voluntad propia, sin preocuparse por ni siquiera conocer cuál es la Voluntad divina para él.

Ni uno ni otro “rico” entrarán en el Reino de los cielos: el rico material, porque nada de lo material entrará en la Jerusalén celestial, solo los cuerpos humanos, materiales, sí, pero glorificados, es decir, divinizados, con las propiedades del espíritu.
Tampoco el rico “espiritual”, aquel que es soberbio y que dice no necesitar de Dios, porque la soberbia es el pecado del demonio, el cual precisamente, por soberbio, fue expulsado de los cielos. La soberbia es el pecado que más detesta Dios, y por eso es imposible que un “rico espiritual”, un soberbio, esté en su Presencia.

Pero, “lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios”, y así, tanto uno como otro rico, pueden pasar al Cielo, por la infinita sabiduría de Dios.

¿Cómo es posible?
Así como un camello, descargando su mercadería, y arrodillándose, puede pasar por la puerta de las ovejas, así también, un rico material, y un rico espiritual, si se despojan de sus bienes materiales y de su soberbia, y se arrodillan ante Cristo crucificado, podrán entrar en el Reino de los cielos
.
Este post es más largo de los que normalmente hago ya que es tal vez el motivo por el cual soy como soy. Es tal vez la base de mi vida.
Así que pido de tu paciencia.

Dicen que el ejemplo, arrastra. Y yo lo creo así. Grandes santos han "pasado por el ojo de una aguja: San Francisco "el pobrecito de Asis" y su hermana Santa Clara son un ejemplo de ellos. Hombres y mujeres que dejan todo por seguir a Jesús.

Yo tuve la fortuna de conocer a una de éstas almas ardientes, en las cuales el Espíritu santo encontró un lugar donde reposar. Ella dejó en mí una gran huella.
¿Cómo es posible que a una persona que sin ser de mi sangre, de mi familia se interesara por mí, por mi abue y su problemática?

Soy descendiente de una familia adinerada, que desconoció a mi abue y a mi padre después de desconocer a su propio hijo al casarse con ella por no ser de su clase social. Y que pudiendo, no se hicieron cargo de nosotros; a los cuales no les importó el que fuéramos su sangre y que sufriéramos hambre y fuéramos vejados, humillados y abusados.

Se envolvieron en su "grandeza" y su dinero y nos olvidaron y desecharon. Ellos son como los camellos de los que Jesús hablaba, de los ricos que difícilmente entraran al Reino de los cielos porque no son capaces de ver las necesidades de los demás.

Hay, sin embargo otros que pasan por el ojo de la aguja, haciéndose pequeños o sea, arrodillándose ante Jesús. A ellos pertenece ésta persona y muchas como ella que se despojan de bienes materiales que son importantes, pero que se despojan de mucho más: su propia vida para entregarla a los demás.
La Madre Teresa de Calcuta es una de ellas y para mí, la Srita. Delta Domínguez García no le pide nada. Ella también renunció a bienes materiales, a formar una familia siendo bella y agraciada, renunció a su tiempo para dedicarlo a cuidar de niñas como yo en un internado.

Hoy amanecí pensando cómo fué que ella tomó ésas decisiones y me puse a buscar. Recordé que ella nos llevaba a una iglesia donde unas religiosas daban catecismo. La iglesia de "San José el Altillo" de los Misioneros del Espíritu santo y busqué sobre éste convento y encontré a otra alma ardiente Doña Elena Piña Aguayo que a fines del siglo XIX donó su hacienda y ahí se han llevado a cabo grandes obras en bien de los demás. De ahí han surgido personas de buen corazón como la srita. Delta.

Recuerdo la escuela primaria a donde asistí y ahí estaba la entrada a la Hacienda. Recordé una capilla enfrente del internado por donde pasa el río Magdalena ahora sucio y contaminado y tiene un hermoso puente, recuerdo de los tiempos en que eran parte de la Hacienda.
Y empecé a entender.

El ejemplo arrastra y la srita. Delta seguramente fué arrastrada por el ejemplo de personas como Doña Elena, por personas como las religiosas del Altillo como las conocemos, por personas que antes que ella entregaron no sólo bienes, sino su vida a hacer el bien.
Recordé a su mamá tan fina, colaborando con ella y pude imaginar a su padre igual que ella.

Recordé la gran casona en donde está el internado situado, sus grandes jardines con su kiosko que cuidaron manos de niñas como yo. El jardín de pasto como le decíamos que era una extensión grande con pasto rodeado de árboles, lugar en donde contemplé las nubes y soñé con cosas buenas, lugar en donde jugué con mis compañeras y gocé de grandes momentos.

Recordé los dos grandes halls de la casona con sus pisos de duela brillante que cuidábamos nosotras, la gran escalera donde nos dejábamos resbalar como seguramente ella lo hizo cuando pequeña.
El gran librero llena de maravillas que yo leía ávidamente y después trasmitía a mis compañeras en forma de cuentos e historias, la chimenea que seguramente en los tiempos en que era sólo su casa se reunía su familia alrededor de un piano que alguna de las chicas aprendió a tocar.
Recordé la hermosísima casa de muñecas que seguramente era de su propiedad cuando niña, con mueblecitos traidos de distintos lugares del mundo en los viajes que hizo junto a sus padres. Pequeñas maravillas, sus alfombras finas, etc. que ella dejó para nuestro disfrute y ante la cual yo me quedaba extasiada valorando cada una de sus pequeñas y costosas (ahora lo sé) partes. Cortinas finas, alfombras finas, muebles finos todo en miniatura. Me sorprendían los pequeñísimos objetos en la cocina: platitos, vasitos, jarritas de gran valor como sé ahora y que antes me llamaban la atención por su belleza.

Todas y cada una de sus tesoros fueron entregados a niñas y niños como yo, de escasos recursos y grandes necesidades. Lo disfrutamos como seguramente ella lo hizo cuando pequeña. Recuerdo un pequeño jardín al lado de una gran puerta en donde pocas, muy pocas tuvimos la fortuna de entrar. Era el jardín preferido de ella y seguramente el jardín familiar. Era el único lugar junto con sus habitaciones personales a las que pocas tuvimos la fortuna de entrar, era el rincón que se reservaba para ella y su madre y aún ésos los entregó a quienes tuvimos la fortuna de acercarnos más a ella.
Se entregó a nosotras en cuerpo y alma, siguiendo el ejemplo de las religiosas que le enseñaron de pequeña seguramente, siguiendo el ejemplo de sus padres seguramente. E hizo un gran bien en muchas, muchas niñas y niños.

Esa pequeña mujer rubia y bella que tuvo a sus pies un gran futuro como lo vemos muchos, que pudo casarse y tener una familia normal, que con su dinero, su belleza y sus relaciones pudo tener el mundo a sus pies, decidió por amor a Dios dedicar todo a servirlo de la manera en que El la llamó.
De su propio dinero sostenía muchas de nuestras necesidades y concedía becas a niñas y niños. Arrastró en ésta obra a muchos conocidos que se hicieron llamar "Asociación Amigos de los niños" mujeres y hombres que anínimamente ayudaban y estaban al tanto de nosotros y de muchos niños y niñas antes y después del tiempo en que yo estuve ahí.

En fin. Ese es el ejemplo de vida que me cambió a mí y que antes que a mí, transformó a mi abue. Ella se alejó de Dios al ver que la familia española y rica de mi abuelo la desconocía como su mujer y a mi papá lo desconocían como su nieto. Ellos también eran católicos y mi abue se resintió con ellos y con Dios. Se alejó de la iglesia.
Y si ella se fué a causa del mal ejemplo de unos, regresó a causa de otros que con su ejemplo de vida le devolvieron la fé.

Unos ricos con su ejemplo la llenaron de resentimiento y otros ricos con su ejemplo, le devolvieron la fé en los hombres porque la fé de Dios se refleja en nosotros que fuímos hechos a su imágen y semejanza.

Mi abue al alejarse de Dios, se condenó y con ella a nosotros al sufrimiento. A su regreso y con ella el regreso de nosotros, nos ayudó a conocer a Dios que actía por medio de personas como la srita. Delta y la Asociación.

Dicen que cuando alguien se aleja de Dios, regresa a El por el mismo medio por el que se alejó. Con mi abue sucedió así.
Le pido a Dios que me permita ser un instrumento de su paz y no permita que sea por mí que se alejen las personas de El.


Antiguo puente del Río Churubusco, el cual está ubicado en la zona llamada de los viveros de Coyoacán. La construcción a la derecha corresponde a parte posterior de la capilla de San Antonio Panzacola, y al fondo se ubica parte de la hacienda del Altillo. De aquí partían los caminos que llevaba a San ángel, Coyoacán y Churubusco. La fotografía corresponde a la primera mitad del siglo XX y las dos primeras construcciones aún se mantienen en pie.

Enfrente de éste sitio, se encuentra el Internadopara niñas y al principio de la calle Francisco Sosa, el de niños.

Les comparto una breve historia del Convento del Altillo en Coyoacán, un lugar bellísimo no sólo por su arquitectura que dicho sea de paso, recibió premios por su belleza. Sino por todo lo que desde su donación a los misioneros del Espíritu Santo se ha hecho através de ellos.


Primero la dirección: Avenida Universidad, entre Francisco Sosa Miguel Angel de Quevedo.

fachada

Es el casco de la antigua hacienda de San José del Altillo que se situaba al oriente del río Magdalena, entre las poblaciones de San Angel y Coyoacán. El sitio era una zona elevada, lo que permitió que el ojo de agua existente en la hacienda irrigara los campos cultivados vecinos, donde crecían árboles frutales, trigo y, sobre todo, magueyes.

La hacienda de San José del Altillo perteneció a los marqueses de Aguayo, don Agustín de Echeverz y Subízar, Gobernador del Nuevo reino de León, y doña Francisca Valdés y Alceaga.

La fachada del casco es de dos pisos, con una espadaña del lado izquierdo; en su interior hay un patio con naranjos y una fuente en el centro. Junto al patio había una pequeña capilla familiar dedicada a san José, se conservan el retablo y la imagen originales.

Parte del casco de la hacienda

Parte del casco de la hacienda

En 1951 Elena Piña Aguayo donó el casco y parte de los terrenos de la hacienda a la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, y entre los años 1955 y 1956, se construyó, junto al casco, una capilla diseñada por el arquitecto Enrique de la Mora y el ingeniero Fernando López Carmona.

citralCapilla de nuestra Señora de la Soledad

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